Colmillo Blanco

Esta historia empieza con tres tiradores de trineo que van por un camino de bosque en Alaska. Su misión es conseguir llegar al fuerte Mc Gerry. Pero toda misión tiene su dificultad  y en la suya perece uno de ellos en el viaje y los otros dos son perseguidos por una manada de lobos hambrientos, atraídos por el olor a carne humana. Tan hambrientos, que el autor los describe como esqueletos con una sábana de piel por encima. Tienen una dura lucha en la que ganan los lobos y se comen a los perros y a un tirador. Del que sobrevive ya no sabremos más.familia

A partir de este momento de quien sabremos es de los lobos. Después de satisfacer el hambre, la manada se divide y se quedan solos los dos jefes: una perra fiera y un viejo lobo que tienen cachorros. De los cinco que tienen, solo queda uno: Colmillo Blanco. A los otros los mata el frío y el hambre, pero Colmillo Blanco es el más fuerte y resiste. Esa fuerza fue la que le permitió sobrevivir a las difíciles condiciones de vida de Alaska y a los malos tratos de los hombres que buscaban oro por aquellas tierras.

Cuando por primera vez salió del “mundo” que era su cubil, el listo cachorro mató a las hijas de una ptarmigán, que es un ave muy rara. Poco a poco se fue atreviendo a ir más allá, hasta que al final fue demasiado lejos de su cubil y lo recogieron unos indios. Fue entonces que tuvo su primera pelea con un perro, un tal Hocicos que quizá era demasiado valentón, pero que nunca más le volvió a ganar en sus otras peleas. Para Colmillo Blanco, los humanos eran dioses muchas veces crueles. Nunca los había visto, pero su instinto, o los “ojos de sus antepasados”, le decían que eran seres superiores pues podían mover objetos inanimados, y hacer que le provocaran dolor, como las piedras o los palos con que le pegaban.pelea

Al cabo de un año, los indios lo llevaron tirando del trineo hasta el fuerte Yukón en el que después de muchas peleas lo vendieron a un tal Guapo Smith. Un verdadero cobarde que se entretenía pegándole, insultándole y maltratándole. Colmillo Blanco era muy bueno peleando y por eso Guapo Smith lo tenía siempre peleando por apuestas. Tras una pelea contra un bulldog en la que casi muere, lo recogieron unos tiradores muy amables con los que tuvo varias aventuras que no voy a contar.

Al final Colmillo Blanco aprende que sus amos  pueden ser buenos o malos, que una mano no solo trae dolor. En Alaska muchos humanos eran malvados pues la fiebre del oro los movía a ser egoístas y violentos, y por eso maltrataban a los animales y les pegaban demasiado o les obligaban a tirar del trineo sin apenas tener fuerzas. Pero Colmillo Blanco tuvo la suerte de encontrar a otro tipo de personas, unos “dioses” más amables.

Quizás John Griffith London, apodado también Jack London, haya sido uno de esos “dioses” amables. Jack London fue autodidacta, marinero, vagabundo y también viajó a Alaska empujado por la fiebre del oro. Volvió pobre y enfermo pero se inspiró en su experiencia para hacer este libro y otros como La llamada de lo salvaje o La quimera del oro, que me estoy leyendo ahora. Por cierto, justo antes de empezar a leer Colmillo Blanco se me cayó mi primer colmillo. Casualidad, ¿no?