Los personajes de Mr. Samuel Langhorne Clemens

Hoy no voy a hablar de un libro, ni de una película. Hoy vamos a conocer a algunos de los personajes del magnífico escritor Mark Twain, cuyo nombre verdadero era Samuel Langhorne Clemens.

Primero os hablaré de un neoyorkino como cualquier otro que, un buen día, sin saber cómo, se ve llevado hacia atrás en el tiempo, hasta… ¡la época del rey Arturo! Para volver a casa, el pobre yanqui no tiene más remedio que ir en busca de gloria para que Arturo y Merlín le dejen regresar. En este libro hay muchas partes cómicas, como cuando el protagonista se libra de morir en la hoguera gracias a un eclipse  total de sol. El rey Arturo casi se muere al ver que hasta el sol obedecía a aquel mago increíble. Ya sabemos que el método del eclipse es un clásico para engañar a incas y caballeros.

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Al principio el yanqui tenía miedo pues no sabía nada de aquella época y muchas cosas le impresionaban, como los vestidos que usaban, o el poco sentido de la justicia y de la economía que tenían. Pero al cabo del tiempo, el yanqui comienza a utilizar los conocimientos que tenía para dejar embobados a la gente. Por ejemplo, hace el primer periódico, construye un teléfono y hasta les enseña a usar pistolas, y otras cosas por el estilo. En fin, la historia de un personaje anacrónico, como mi padre jugando al Pro Evolution Soccer.

En otro de sus libros M.T. nos cuenta sobre un príncipe y un mendigo, que son muy parecidos, como dos gotas de agua, y que se intercambian los papeles. Eso es lo que le pasa a Tom Canty y al príncipe Eduardo. Cada uno se ve metido en la complicada situación del otro. Canty pensaba que ser príncipe iba a ser muy sencillo, pero ya desde la primera mañana en este papel se da cuenta de que no va a ser nada fácil porque era muy aburrido: solo para vestirse tardó más de una hora. Por su parte, al príncipe Eduardo le costó acostumbrarse a los harapos y a la sucia cama, que no era más que un montón de paja. Tuvo que mendigar y soportar los azotes de su padre y aprendió que había personas que no tenían nada mientras él lo tenía todo. En fin, la típica historia sobre los caprichos del destino.

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De los otros personajes que os quiero contar es de Tom Sawyer y su amigo inseparable Huckleberry Finn, mis favoritos. Tom es un niño revoltoso, pillo, que no puede hacer otra cosa que vivir aventuras. Era muy supersticioso, creía en cosas raras como que se podían quitar las verrugas llevando un gato muerto al cementerio, o que moriría si un perro aullaba por la noche mientras le miraba. Tenía novia, aunque no le daba mucha importancia porque prefería estar con los chicos, como su amigo Huckleberry. Huck era un increíble ladronzuelo huérfano, bueno no del todo huérfano pues tenía padre. Vosotros diréis: “vaya, pues al menos si tiene padre debe estar contento”, pues todo lo contrario. Era un padre que le pegaba, le insultaba y encima estaba borracho siempre que podía. Huck tiene que escapar de casa y de ahí surge la historia de todas sus aventuras. A Tom y a Huck les encantaba la libertad, y con esto me refiero a que querían hacer cosas como pescar, nadar o navegar por el río sin que nadie les dijera: ¡eh tú, a la escuela! A pesar de ser un poco holgazanes, yo creo que eran buenos chicos y que solo querían divertirse.

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Be good and you will be lonesome

Hasta aquí lo que os cuento de los personajes de los cuatro libros que me he leído de Mark Twain, un tipo increíble al que, gracias a mis habilidades youtuberas, podéis ver en su casa en 1909 un año antes de su muerte, y ¡filmado por Thomas Alva Edison!

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Colmillo Blanco

Esta historia empieza con tres tiradores de trineo que van por un camino de bosque en Alaska. Su misión es conseguir llegar al fuerte Mc Gerry. Pero toda misión tiene su dificultad  y en la suya perece uno de ellos en el viaje y los otros dos son perseguidos por una manada de lobos hambrientos, atraídos por el olor a carne humana. Tan hambrientos, que el autor los describe como esqueletos con una sábana de piel por encima. Tienen una dura lucha en la que ganan los lobos y se comen a los perros y a un tirador. Del que sobrevive ya no sabremos más.familia

A partir de este momento de quien sabremos es de los lobos. Después de satisfacer el hambre, la manada se divide y se quedan solos los dos jefes: una perra fiera y un viejo lobo que tienen cachorros. De los cinco que tienen, solo queda uno: Colmillo Blanco. A los otros los mata el frío y el hambre, pero Colmillo Blanco es el más fuerte y resiste. Esa fuerza fue la que le permitió sobrevivir a las difíciles condiciones de vida de Alaska y a los malos tratos de los hombres que buscaban oro por aquellas tierras.

Cuando por primera vez salió del “mundo” que era su cubil, el listo cachorro mató a las hijas de una ptarmigán, que es un ave muy rara. Poco a poco se fue atreviendo a ir más allá, hasta que al final fue demasiado lejos de su cubil y lo recogieron unos indios. Fue entonces que tuvo su primera pelea con un perro, un tal Hocicos que quizá era demasiado valentón, pero que nunca más le volvió a ganar en sus otras peleas. Para Colmillo Blanco, los humanos eran dioses muchas veces crueles. Nunca los había visto, pero su instinto, o los “ojos de sus antepasados”, le decían que eran seres superiores pues podían mover objetos inanimados, y hacer que le provocaran dolor, como las piedras o los palos con que le pegaban.pelea

Al cabo de un año, los indios lo llevaron tirando del trineo hasta el fuerte Yukón en el que después de muchas peleas lo vendieron a un tal Guapo Smith. Un verdadero cobarde que se entretenía pegándole, insultándole y maltratándole. Colmillo Blanco era muy bueno peleando y por eso Guapo Smith lo tenía siempre peleando por apuestas. Tras una pelea contra un bulldog en la que casi muere, lo recogieron unos tiradores muy amables con los que tuvo varias aventuras que no voy a contar.

Al final Colmillo Blanco aprende que sus amos  pueden ser buenos o malos, que una mano no solo trae dolor. En Alaska muchos humanos eran malvados pues la fiebre del oro los movía a ser egoístas y violentos, y por eso maltrataban a los animales y les pegaban demasiado o les obligaban a tirar del trineo sin apenas tener fuerzas. Pero Colmillo Blanco tuvo la suerte de encontrar a otro tipo de personas, unos “dioses” más amables.

Quizás John Griffith London, apodado también Jack London, haya sido uno de esos “dioses” amables. Jack London fue autodidacta, marinero, vagabundo y también viajó a Alaska empujado por la fiebre del oro. Volvió pobre y enfermo pero se inspiró en su experiencia para hacer este libro y otros como La llamada de lo salvaje o La quimera del oro, que me estoy leyendo ahora. Por cierto, justo antes de empezar a leer Colmillo Blanco se me cayó mi primer colmillo. Casualidad, ¿no?

El mago de Oz

La semana pasada fui a La linterna mágica, que es un club de cine para niños de primaria que hay en mi ciudad. La película que ponían era El mago de Oz y me gustó tanto que cuando llegué a casa y vi que estaba el libro en la estantería decidí leérmelo.

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En la peli, Dorothy pierde a su único amigo, el perro Toto. Entonces un ciclón se lleva su casa y aparece en el mundo mágico de Oz. La historia se puede resumir en que Dorothy quiere ir a la ciudad Esmeralda para que el Mago Oz la lleve de vuelta a Arkansas. Por el camino se va encontrando con distintos personajes que la acompañan para pedirle al mago sus deseos. Estos personajes son el espantapájaros que quiere conseguir cerebro, el hombre de hojalata que quiere conseguir un corazón y el león cobarde que quiere conseguir coraje.

Después de leerme el libro, comprobé varias diferencias entre este y la peli y debo reconocer que me gustó más el libro. Por ejemplo: en la peli cuando se va el mago ya estamos  casi en el final, mientras que en el libro todavía faltan muchas aventuras hasta que Dorothy consigue regresar a Arkansas. Además, la forma en que cada personaje consigue lo que desea es diferente y me parece que es más interesante la del libro.

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Este libro se lo recomiendo a quien le gusten las aventuras de fantasía y la película a quien le gusten las comedias musicales. Es un libro muy corto y encima, te enganchas y lo lees muy rápido. Su autor se llama L. Frank Baum ¿Y a que no sabéis de donde sacó “OZ”? Pues un día estaba él en su escritorio exprimiéndose los sesos (algo que no tenía el espantapájaros) y se fijó en el cajón donde metía  todos los trabajos de la O a la Z ¿Lo pilláis?

El mago de Oz nos enseña a perseguir nuestros sueños y que no los conseguiremos sin esfuerzo, que no basta con pedírselos a magos porque no van a venir solos.